sábado, 20 de noviembre de 2010

LO QUE ANTONIO LEDEZMA SI PUDO RESOLVER HACE MUCHOS MESES Y DEJA A 15 FUNCIONARIOS DE CULTURA SIN NAVIDAD Y UN ARRIBO AL 2011 CON LAS MANOS VACÍAS...

Por Paula Giraud/ CNP 3804

Correo: paulagiraud@gmail.com

Los 15 funcionarios de la Secretaría de Cultura, entre los cuales se encuentran dos mujeres con niños de 13 meses y una invidente con una menor de 24 meses a la presente fecha, hemos sido los grandes olvidados e IGNORADOS: No tenemos fuerza física suficiente “ni política” como el personal masculino en un alto porcentaje de la Secretaría de Infraestructura de la Alcaldía Metropolitana de Caracas porque somos mujeres y pocas voces que nadie escucha" para que ni del lado del oficialismo ni del lado de Antonio Ledezma resuelvan administrativamente y con SENSIBILIDAD una "estúpida nómina" de 15 personas, de los cuales 4 estamos en etapa de jubilación, que está en el espacio cósmico de la inepta administración pública de la millonaria Venezuela petrolera, que dejaron sin salarios desde el 1 de enero del presente año, sin derecho a acceder a prestaciones sociales, sin derechos de accesar a las jubilaciones legales, y además de violentados los derechos legales-humanos de dos mujeres con niños chiquiticos cuando las dejaron sin ingresos hace 11 meses al igual que a una invidente con una menor de dos años.

Este problema laboral-legal-administrativo de 15 personas SI LO PUDO HABER RESUELTO ANTONIO LEDEZMA, y haber rectificado su error administrativo aunque fuese en julio del presente año, e incluirnos a la nómina nuevamente a la cual hemos pertenecido desde de la desparecida Gobernación del Distrito Federal. El Artículo 5 de la Ley de Transferencia de Bienes del Distrito Metropolitano al Gobierno del Distrito Capital, dice claramente en su texto, que" todos los funcionarios de la Alcaldía Metropolitana de Caracas permanecerán en sus puestos y con todos sus derechos laborales, hasta tanto no se haga el traslado efectivo de las dependencias o trabajadores seleccionados a transferir al Gobierno del Distrito Capital". Bajo un "supuesto", Ledezma y la hermana del Diputado Electo Richard Blanco (Moravia Blanco), Directora de Recursos Humanos de la Alcaldía de Ledezma, en noviembre del 2009, de manera "olímpica" decidieron sacar del presupuesto del 2010 al personal de Cultura (15 personas).

En las decisiones administrativas y legales no se toman decisiones bajo SUPUESTOS, o "yo pensaba que este personal iba a ser asumido por el Gobierno del Distrito Capital". Luego de sacarnos la administración de Ledezma en el 2009 del presupuesto del 2010, en enero nos sacan silenciosamente de nómina y sin notificación escrita para que no pudiésemos accionar legalmente, y bajo "la mentira" que cuando el TSJ decidiera el caso del personal administrativo y obrero de la Secretaría de Infraestructura (sentencia que salió el 22 de julio del presente año), al personal de Cultura se le devolvían sus derechos laborales y legales. Llegó esa "famosa sentencia" que favorecía a un numeroso personal obrero con muchos hombres grandotes y fuertes que le paralizan las oficinas o edificios completos a cualquier Alcalde o Gobernador "que no comen cuentos", y nos dicen los JEFESOTES de Ledezma al "minúsculo grupo de mujeres de Cultura": Lo lamentamos pero ustedes no están incluidos en esta sentencia. ¡DEMANDEN!.

Nos robaron las navidades y un próspero año 2011 a 15 funcionarios de la Secretaría de Cultura (mayoría mujeres y únicas jefes de hogar) de la Alcaldía Metropolitana de Caracas y que de ñapa estamos entre los trabajadores más antiguos de la institución desde que éramos Gobernación del Distrito Federal: ¡Viva Ledezma y Viva Chávez!

21 de noviembre 2010

viernes, 5 de noviembre de 2010

LA REBELIÓN DE LOS NAÚFRAGOS, INTERESANTE LIBRO QUE ANALIZA SEGUNDO MADANDATO DE CARLOS ANDRÈS PEREZ...

A continuación publicamos el primer capítulo de La rebelión de los Náufragos, de Mirtha Rivero (Editorial Alfa), un libro en el que se analiza el segundo mandato de Carlos Andrés Pérez y los hechos y procesos que determinaron su renuncia además de exponer verdades que contradicen la sabiduría convencional.




El famoso salto de CAP en su primera campaña electoral, con el famoso lema"Ese hombre si camina"

En esta foto con Gerald Ford y Jimmy Carter. Tambièn fue amigo de Fidel Castro.

La rebelión de los náufragos

Es difícil saber lo que hizo o pensó durante las últimas horas que pasó en su despacho. Queda imaginar, especular, inventar. A las tres y media de la tarde, los objetos personales habían desaparecido de la vista. Esa misma mañana, en menos de noventa minutos, un comando invisible había barrido todo rastro de su paso por allí. Todo testimonio de su devenir público, de su historia oficial. La única historia que, por cierto, tenía cabida en ese espacio, por lo menos en lo que se refería a los cuerpos inanimados. La vida privada era –o él hubiese querido que fuera– privada, no se exponía en papeles, chécheres o portarretratos, y en esa oficina pública no podía haber sino vestigios de su recorrido público. De su trasiego político. De su tuteo con el liderazgo mundial. Esas fueron las huellas que recogieron de la sala esa mañana. El comando sigiloso se había llevado la colección de fotos en donde aparecía al lado de Felipe González, Jimmy Carter, el rey Juan Carlos, Willy Brandt, el jeque árabe de nombre enredado y como media docena de fotos más. También cargaron con los libros de biografías, y por supuesto –fue lo primero que se llevaron– con el busto de Abraham Lincoln y el altorrelieve con la cara de Simón Bolívar. Nada más quedaban, como testigos mudos de otra época, la silla sobreviviente a su primer gobierno –y que Cecilia había mandado a retapizar–, el inmenso globo terráqueo que François Miterrand le regaló en la visita que hizo a Caracas y un revólver calibre treinta y ocho que reposaba –íngrimo– en el centro del escritorio, como la seña más clara de que había llegado la hora de salida. Porque un arma –era su creencia– no es para andar exhibiéndola.

Las armas no son ornamento ni prueba de hombría. Lo había aprendido muy temprano, oyendo las historias de la guerra colombiana de los mil días que le contaba su tío, el general Manuel Rodríguez, y lo comprobó en carne propia mucho después, durante los diez años de resistencia, clandestinidad y exilio que empezaron en 1948, cuando los militares derrocaron a Rómulo Gallegos y él pretendió aguantar en Maracay instalando un gobierno de emergencia. Desde esos tiempos en que lo perseguían empezó a familiarizarse con las armas; tanto, que cuando cayó la dictadura y debutó la democracia las siguió teniendo cerca. Había un revólver escondido en el cajón de la mesa de noche –bajo llave– cuando estaba en la casa o, si era Presidente y estaba en Miraflores, en la minúscula gaveta que se asomaba discreta por debajo de la mesa que una vez había sido de Rómulo Betancourt. Esta vez el revólver estaba sobre el escritorio.

Lo acababa de
sacar de su escondite porque ya se iba. Había llegado la hora de cierre. Se iba pese a que no eran las nueve ni las diez o las once de la noche. Se iba aunque afuera, en la calle, el sol quemara y faltaba para que cayera la tarde y entrara la noche. En verdad todavía tenía una hora, hora y media por delante para irse, pero eran pocos los minutos que le quedaban para estar solo y despedirse de esas paredes. Pronto llegaría la marabunta; había que alistarse.

El barbero de Palacio acababa de salir. Concluido el almuerzo lo mandó llamar como lo había hecho tantas otras veces en medio de una agenda complicada, porque debía recibir a un visitante distinguido. Por más atosigado que estuviera no gustaba de aparecer desgreñado y descompuesto, dando muestra de azoro. Si había llamado al peluquero en momentos menos trascendentes, cómo no hacerlo a esa precisa hora. ¿Cómo no llamarlo por última vez? Es más, así llenaba su horario en medio de una jornada tan pobre y desleída como la que había tenido ese día. Y es que por más empeño que había puesto en fijarse actividades, tareas y reuniones, el esfuerzo era en vano. Muy poco, casi nada, le quedaba por hacer y esa certidumbre lo asolaba. La representación inútil de un florero frente a una ventana se le venía a cada tanto a la cabeza como una alucinación. Odiaba la idea de ser tratado como adorno. O peor: como estorbo.

Toda la vida se había enorgullecido de ser un hombre de acción, un ser que actuaba, que hacía, que se ocupaba. No fue gratuito que en la primera campaña se vendiera como el hombre que camina. La frase, más que un lema publicitario, más que un jingle, resumía su carácter. Más que un tipo atorado, terco y obstinado –que lo era– se reconocía como un tipo que ejerce, que ejecuta, que conjuga en primera persona el verbo hacer. Porque es de espíritus flojos, pacatos y débiles detenerse, quedarse inmóvil. Es contrario a su estilo inhibirse o retraerse ante los tropiezos. Grandes o pequeños. Si se cae un botón de la camisa y Blanca no anda por ahí, él solito agarra y se cose el botón; si necesita la copia de un documento, nada le impide manejar la fotocopiadora; si le dicen que no vaya al Congreso porque le van a boicotear su entrada y que lo mejor es no ir y dejarlo para después, pues él va, y armado, por si acaso. Siempre hay algo que hacer, que se puede o que se tiene que hacer. Siempre, menos este día.

Pretendiendo huirle a la inacción había pensado presentarse esa tarde en el Parlamento para demandar, él mismo, a los senadores que aprobaran por unanimidad el juicio. Sería un lance emotivo, dramático, digno de grandes titulares. Pero también –lo pensó mejor– una ocurrencia estéril, y a lo mejor contraproducente. No faltaría el resentido que, queriendo humillar, iba a pedir la palabra después de él. Y no, no iba a brindar esa oportunidad. No iban a caerle encima otra vez. No más. Lo prudente era domesticar los impulsos y recoger las alas hasta nuevos tiempos. Además, qué tanta novedad iba a recitar. Qué más quedaba por decir. ¡Qué vaina! Esta vez tampoco se despediría como lo había planeado.

En 1979 fantaseó con la imagen de entregar la banda e irse a pie desde el Congreso hasta la sede del partido. Sería un largo trecho, rodeado de gente, de pueblo que en el trayecto se le uniría. Al llegar, el partido lo recibiría con aplausos, inclinándose ante su jefatura. Eso quiso, eso imaginó pero no pudo, porque se dio cuenta de que entre sus compañeros no había interés en recibirlo con honores. Le achacaban que no puso lo que le tocaba para que Acción Democrática ganara las elecciones y que, encima, cuando perdieron, se apresuró en admitir el triunfo ajeno. No lo perdonaban. Había mucho reconcomio, y en vez de homenajes se estaban cociendo intrigas. Por eso no cerró como quiso su primera presidencia. Se quedó con las ganas. Y tampoco iba a poder en la segunda. Parecía una maldición. Lo que restaba era mantener el aplomo. Guardar las apariencias.

sacar de su escondite porque ya se iba. Había llegado la hora de cierre. Se iba pese a que no eran las nueve ni las diez o las once de la noche. Se iba aunque afuera, en la calle, el sol quemara y faltaba para que cayera la tarde y entrara la noche. En verdad todavía tenía una hora, hora y media por delante para irse, pero eran pocos los minutos que le quedaban para estar solo y despedirse de esas paredes. Pronto llegaría la marabunta; había que alistarse.

El barbero de Palacio acababa de salir. Concluido el almuerzo lo mandó llamar como lo había hecho tantas otras veces en medio de una agenda complicada, porque debía recibir a un visitante distinguido. Por más atosigado que estuviera no gustaba de aparecer desgreñado y descompuesto, dando muestra de azoro. Si había llamado al peluquero en momentos menos trascendentes, cómo no hacerlo a esa precisa hora. ¿Cómo no llamarlo por última vez? Es más, así llenaba su horario en medio de una jornada tan pobre y desleída como la que había tenido ese día. Y es que por más empeño que había puesto en fijarse actividades, tareas y reuniones, el esfuerzo era en vano. Muy poco, casi nada, le quedaba por hacer y esa certidumbre lo asolaba. La representación inútil de un florero frente a una ventana se le venía a cada tanto a la cabeza como una alucinación. Odiaba la idea de ser tratado como adorno. O peor: como estorbo. Toda la vida se había enorgullecido de ser un hombre de acción, un ser que actuaba, que hacía, que se ocupaba. No fue gratuito que en la primera campaña se vendiera como el hombre que camina. La frase, más que un lema publicitario, más que un jingle, resumía su carácter. Más que un tipo atorado, terco y obstinado –que lo era– se reconocía como un tipo que ejerce, que ejecuta, que conjuga en primera persona el verbo hacer. Porque es de espíritus flojos, pacatos y débiles detenerse, quedarse inmóvil. Es contrario a su estilo inhibirse o retraerse ante los tropiezos. Grandes o pequeños. Si se cae un botón de la camisa y Blanca no anda por ahí, él solito agarra y se cose el botón; si necesita la copia de un documento, nada le impide manejar la fotocopiadora; si le dicen que no vaya al Congreso porque le van a boicotear su entrada y que lo mejor es no ir y dejarlo para después, pues él va, y armado, por si acaso. Siempre hay algo que hacer, que se puede o que se tiene que hacer. Siempre, menos este día.

Pretendiendo huirle a la inacción había pensado presentarse esa tarde en el Parlamento para demandar, él mismo, a los senadores que aprobaran por unanimidad el juicio. Sería un lance emotivo, dramático, digno de grandes titulares. Pero también –lo pensó mejor– una ocurrencia estéril, y a lo mejor contraproducente. No faltaría el resentido que, queriendo humillar, iba a pedir la palabra después de él. Y no, no iba a brindar esa oportunidad. No iban a caerle encima otra vez. No más. Lo prudente era domesticar los impulsos y recoger las alas hasta nuevos tiempos. Además, qué tanta novedad iba a recitar. Qué más quedaba por decir. ¡Qué vaina! Esta vez tampoco se despediría como lo había planeado.

En 1979 fantaseó con la imagen de entregar la banda e irse a pie desde el Congreso hasta la sede del partido. Sería un largo trecho, rodeado de gente, de pueblo que en el trayecto se le uniría. Al llegar, el partido lo recibiría con aplausos, inclinándose ante su jefatura. Eso quiso, eso imaginó pero no pudo, porque se dio cuenta de que entre sus compañeros no había interés en recibirlo con honores. Le achacaban que no puso lo que le tocaba para que Acción Democrática ganara las elecciones y que, encima, cuando perdieron, se apresuró en admitir el triunfo ajeno. No lo perdonaban. Había mucho reconcomio, y en vez de homenajes se estaban cociendo intrigas. Por eso no cerró como quiso su primera presidencia. Se quedó con las ganas. Y tampoco iba a poder en la segunda. Parecía una maldición. Lo que restaba era mantener el aplomo. Guardar las apariencias.

Ajustó el nudo de la corbata, tiró el saco hacia abajo y lo cerró abrochando un solo botón. El semblante ya estaba entrenado para lo que venía, pero por si acaso revisó. El ceño no debía revelar inconveniencias. No era hora para descubrirse molesto, aunque lo estuviera, o triste, que también lo estaba, o impotente o sorprendido o herido o desarmado. Ni un atisbo de su ánimo, de su verdadero ánimo, debía traslucirse. Suficiente con la alocución de la noche anterior. Había que mostrarse sobrio, sereno, firme. Entero. Prohibidos los hombros caídos. Pronto le tocaría despedirse formalmente de su equipo. Pronto llegaría el ejército invasor. En cuestión de minutos comenzaría el desfile y había que seguir el libreto. Apretón de manos, saludo cordial, firma del acta, nuevo apretón de manos, abrazo de rigor, otros apretones más allá, quizá un beso en alguna mejilla, y ya. Sin fanfarrias, sin fausto o aparato. Sin discurso. Cerraba el mes más largo de su vida. De su historia. Tanto de la pública como de la privada. El mes más largo, y eso que apenas habían pasado veintiún días.

La fecha exacta: 21 de mayo de 1993.

***

Moraima –todavía con rastros de trasnocho en el cuerpo- buscaba la noticia en la televisión. Se había acostado a las dos de la mañana, pero la emoción no la había dejado reposar. A las siete ya estaba fuera de la cama, con un café en la mano enfrente del televisor. Desde entonces casi no se había despegado de la pantalla y, a pesar del aporreo, estaba feliz. Ese día no iría a trabajar. Lo había pedido con anticipación porque cumplía cuarenta años y quería celebrar de una manera distinta esa fecha. Iniciaba una nueva etapa en su vida y no quería inaugurarla encerrada en una oficina rodeada de folios y carpetas. Tenía pensado un amanecer diferente, una celebración especial. Pero ni soñaba con lo especial que terminó siendo. Había comenzado a festejar en la víspera, cuando el jueves a las cuatro de la tarde, estando en el trabajo, se enteró de la novedad: «Con nueve votos a favor y seis en contra –leyó en cámara un tipo de rostro grasoso y lentes que le resbalaban en la naríz– la Corte Suprema de Justicia en sala plena declara que hay méritos suficientes para el enjuiciamiento del Presidente de la República, Carlos Andrés Pérez Rodríguez…».

El tipo con lentes no había terminado de hablar cuando un aplauso fuerte y compacto arropó el resto de su discurso. Al magistrado Gonzalo Rodríguez Corro sólo se le veía la cara brillante enmarcada entre un enjambre de cables y micrófonos. Menos de cinco minutos tardó en leer la decisión. A Moraima le entraron ganas de salir corriendo a pegar lecos por la ventana, animada por un alboroto que venía de la calle a la altura de la esquina de Gradillas. Hasta su oficina llegaron los vivas y los cánticos que, como parte de la fiesta, invocaban el nombre de un militar preso. Ella no salió a gritar en ese momento, pero tampoco se quedó sin darse el gusto: en la noche, después de oír el discurso que dio el Jefe de Estado por cadena nacional, chilló de lo lindo desde el balcón de su apartamento en Santa Paula. En su concierto la acompañó su marido, que golpeó sin cesar y sin piedad el fundillo de una sartén. Los dos estaban felices, pero Moraima más; estaba tan contenta que hasta le entraron deseos de lanzar cohetes. Ella, que tanto miedo le tenía a los juegos pirotécnicos desde que, siendo muchachita, se quemó la mano con una luz de bengala. Ella misma se sintió tentada a raspar un fósforo para prender la mecha de un tumbarrancho. Sería una buena manera de empezar su fiesta, se dijo. Tirar cohetes para celebrar una nueva etapa. La suya y la del país. Era el inicio de su cuarta década de vida y el inicio de otra época en la vida del país. No le cabían dudas de lo que venía. El anuncio abría un horizonte de esperanzas, y por sí solo constituía el mejor obsequio que podían darle por su cumpleaños. Ni que lo hubiera encargado. Y esa noche, en los ratos en que no estuvo asomada al balcón o viendo las noticias transmitidas en vivo, se colgó al teléfono para comentar que la renuncia del Presidente –aunque el Presidente no había renunciado pero era como si lo hubiera hecho-era el presente más bonito que le habían dado. En cuanto agarraba la bocina, cada vez más achispada por la champaña, machacaba: ¡es mi mejor regalo!

Aquello era histórico. Nunca imaginó que viviría para presenciar un hecho parecido. Harta de los partidos y de sus dirigentes, se había convertido en una escéptica. Descreía del sistema democrático, o cuando menos de su evolución. Desconfiaba de todo y de todos. Para ella todos los políticos eran corruptos y todos los jueces se podían comprar; lo que hacía falta era que le llegaran al precio. Por eso estaba convencida de que, al final, los magistrados de la Corte no le iban a dar luz verde al juicio en contra del primer mandatario nacional. Era imposible, decía. Ni en la novela de màs audiendiencia de RCTV en esos años en Por estas calles se había visto. Cómo iba a suceder en la vida real, en la vida de verdad, verdad. No ocurriría nada, había predicho, porque nunca ocurre nada en este país. Todo el mundo roba y roba y se sale con la suya. Nadie paga. Esa era una de sus verdades absolutas. Pero se equivocó. Un día antes de cumplir cuarenta años, la misma Corte de la que tanto despotricaba la había sorprendido. Y ella estaba feliz de haberse equivocado.

Para estar guindando, mejor caer, aseguraba. No encontraba inconveniente en que sacaran al Jefe de Estado antes de tiempo, sobre todo si, como decían, había robado una millonada. Y si no lo había hecho, como se atrevía a cantar uno que otro jalamecate, se vería después. Para averiguar lo que se debía averiguar estaba el juicio que se iba a abrir enseguida. En el tribunal se vería quién tenía razón, pero mientras tanto, lo mejor que podía pasar era que el mandatario esperara afuera. Afuera del gobierno, desprovisto de poder y privilegios, como un mortal cualquiera. Bastante se había prolongado la agonía. Las crisis hay que atacarlas rápido, y esta se había demorado demasiado. Nada peor que un país dando tumbos. Era una majadería pretender esperar los siete meses que faltaban para las elecciones, si la solución al atajaperros en que vivían metidos podía encontrarse antes. Sin golpe, sin muertos, sin hecatombe. Ya estaba bien de dar largas al asunto, que para eso es para lo único que sirven los leguleyos. Para argumentar y contra argumentar y buscar resquicios por donde evadirse. Claro que es lógico que el gobierno maneje un presupuesto para seguridad y defensa, y por supuesto ningún gobierno, ni este ni el de Tucusiapón, lo anda divulgado. Eso es una cosa, pero otra muy diferente es que ese presupuesto no pueda auditarse. Que ese dinero no tenga control. Alguna vigilancia debía tener esa plata porque de lo contrario nadie garantiza que no sea desviada para chequeras personales, o comprar una casa para la querida o pagar los gastos de una coronación que nadie pidió.

Moraima estaba acelerada por la avalancha de acontecimientos, y ese viernes en la tarde todavía quería más. Permanecer pegada a un televisor no era la manera que había imaginado para festejar su cumpleaños, pero sin duda fue la mejor. Ya había visto la sesión del Senado que aprobó el juicio al Presidente, y rio de lo lindo con la discusión que se prendió por el detalle del tiempo que debía mandar el sustituto que nombrara el Congreso. «¡Esto es el acabóse! –exclamó–, antes de votar por el juicio se guindan de las greñas para decidir los días que dura la suplencia». Vio también la ceremonia en donde los congresistas juramentaron al suplente, con banda marcial, himno y hasta discursos. El encargado habló de hora trascendental, de duros embates, de resistencia democrática, de la madurez de las Fuerzas Armadas que son ejemplo para América Latina, y, por supuesto, de la carambola que hizo que, ahora sí, le impusieran el collar de la Orden del Libertador y le entregaran la llave de la urna donde están sus huesos.

–Se nos ofrece la ocasión –decía desde el congreso– para insistir sobre la naturaleza perfectible del sistema, más allá de las aventuras que sólo producen trauma y sobresaltos. Este mandato provisional no lo he buscado ni deseado y me corresponde asumirlo. Actuaré con la firmeza que la situación demanda… No he de actuar como hombre de partido en este trance tan difícil…

Moraima también vio los disturbios a las afueras del Congreso en donde hubo insultos, agresiones y gases lacrimógenos. Y la carretilla de declaraciones que se ofrecieron: ministros, políticos, empresarios, dirigentes vecinales, periodistas, buhoneros, oficinistas y hasta chicheros opinaron sobre el trascendental momento. Ella había visto casi todo lo que difundieron los canales, pero todavía deseaba ver más. Le faltaba el acto de traspaso de mando. Quería mirar las caras, reparar en los gestos, oír las últimas palabras. Quería más, mucho más. Quería ver al mandatario derrocado salir de la casa de gobierno.

***

A un cuarto para las cinco de la tarde, en el Palacio de Miraflores el aire era espeso. Había desaparecido la incertidumbre y el nerviosismo de los días anteriores, dando rienda suelta a las caras largas, las conversaciones en voz baja y el desmayo ante el peso de los hechos. Secretarias, taquígrafos, mensajeros, analistas, mesoneros, electricistas y bedeles, desafiando la norma, estaban reunidos en el pasillo principal que lleva a Presidencia. En grupitos de cuatro y cinco, esperaban la salida de quien fue su jefe durante más de cuatro años. Conversaban en susurros sin prestar atención al ruido que salía impertinente de los dos televisores que estaban encendidos muy cerca. No había funcionarios de alto rango entre ellos; sólo se distinguía Rosario Orellana, viceministra de la Secretaría, que se acercaba presurosa por el corredor hasta apostarse a un lado de una columna y de un muchacho de ojos rayados, de nombre Javier, que la saludó como saluda un subalterno. Aparte de ella, los contertulios, incluido Javier, eran rasos, rasos. Los grandes personeros como ministros y militares, estaban adentro, aguardando un llamado en la antesala del despacho. A ellos todavía les quedaba oficio por esa tarde. Tras la firma del acta y la despedida, deberían reunirse con el nuevo Jefe de Estado y presentar cuentas, o por lo menos ponerse a la orden. Era lo mínimo, aunque más de uno tenía ganas de saludar y salir corriendo. Entre ellos se repetían los murmullos del pasillo. El espíritu cargado. No había bríos para charlas triviales, toda plática era grave, y el comentario más ligero que se escuchó a esa hora tuvo que ver con la bandera nueva que ondulaba sobre el edificio. La anterior se había roto la tarde antes –justo después de conocerse el fallo de los jueces–, y con la corredera no cupo amague para sustituirla. La bandera se rasgó por la franja roja y así estuvo ondeando hasta las seis, cuando la arriaron. Ese era el tema de conversación más superficial de los ministros en el vestíbulo, y también lo había sido entre los empleados de la galería. El ánimo era de entierro.

De improviso, un inusitado movimiento que provenía del patio de estacionamientos irrumpió en la pesadumbre y cortó las conversas. Hubo un momentáneo desconcierto.

Esperaban la llegada de la caravana del Presidente provisional, pero los carros que estaban llegando y la gente que se estaba bajando de esos carros no formaba parte de la comitiva oficial. A leguas se notaba. Era gente nueva, desconocida, vestida como para una celebración. Cual hormigas que salían de hoyos negros, los recién llegados comenzaron a derramarse y a colmar el pasillo que hasta hacía pocos minutos dominaban los trabajadores de Palacio. En la primera línea del pasaje se formó un batallón de mujeres perfumadas y encopetadas, escoltadas por caballeros que estrenaban trajes y predios. Los empleados y obreros de Miraflores, empujados hacia la pared, parecían intrusos en una fiesta a la que nunca podían haber sido invitados. El aire que transpiraban los visitantes era de jolgorio. Sólo faltaban los papelillos, la alfombra roja y un rey que caminara encima de ella. Los recién llegados se dispusieron a aguardar.

A las cinco de la tarde terminó la espera de unos y otros. Octavio Lepage, acompañado de su esposa, se presentó en el Palacio de Miraflores a tomar posesión de su despacho. Adentro, aguantando para entregárselo, permanecía Carlos Andrés Pérez. Al ver aparecer a su suplente, Pérez sonrió cortés y empezó a cumplir con el guión pautado. Era lo único que le quedaba por hacer. Quince minutos tardó la ceremonia de traspaso. Al finalizar, siempre sin salirse del libreto, sonrió para la foto y estrechó la mano del encargado:

–Le deseo toda la suerte del mundo, doctor Lepage –exclamó, y mientras se dirigía a la puerta sin mirar atrás para ver lo que se quedaba, se dijo a sí mismo–: ¡carajo!, es que esto yo nunca lo vi. venir.

martes, 19 de octubre de 2010

"AHORA ES TARDE" LA NUEVA VERSIÓN MUSICAL 2010 DE LOS DARTS...

http://www.youtube.com/watch?v=Aa5lSCZukeU
(Link de la nueva versión 2010"Ahora es Tarde" de los Darts)


¡Maravillosa Joya Musical de los Darts!. ¡Siento una profunda nostalgia de una preciosa època musical en Venezuela y en el mundo!. Me encanta esta nueva versión. Besos a todos sus integrantes. Mis preferidas entre otras canciones de los Darts, fueron entre otras: AHORA ES TARDE, TU LA VAS A PERDER, DONDE, DONDE...

En esa época en que Los Darts eran muy famosos en la juventud venezolana, estudiaba 5to grado de primaria en el Colegio Madre Emilia (Los Dos Caminos, Estado Miranda, Venezuela). Y los "muchachos bellos" de la zona estaban diagonal a mi colegio (de niñas) en el que fuera el famoso Colegio Padre Claret. La Iglesia sigue hoy en el 2010 IMPONENTE como siempre en la Avenida Rómulo Gallegos-Los Dos Caminos y sus instalaciones que fueron de este famoso colegio para varones, están hoy al servicio de una institución universitaria. Tuve el privilegio de ser amiga de Hilda de Lima, hermana menor de Augusto de Lima, (integrante de Los Darts), quienes eran mis vecinos por casualidad en la Urbanización Campo Claro (Parroquia Leoncio Martínez del Municipio Sucre del Estado Miranda). A Hilda de Lima tengo muchísimos años que no la veo, pero gracias a Facebook nos volvimos encontrar virtualmente.

¿QUIÈNES FUERON LOS DARTS?

www.losdarts.8m.com

Los Darts representan una de las agrupaciones de pop-rock mas populares de la década de los sesenta y se pueden considerar, junto con Los Impala y Los 007, como uno de los pilares fundamentales de la música rock en Venezuela. Su formación data del año 1964 y a mediados de 1965 el grupo esta integrado por Carlos Moreán (segunda guitarra, principal arreglista, coros), Richard Aumaitre (bajo, coros), Rafael Pimentel (batería), Augusto de Lima (guitarra líder), Claudio Gámez (teclados) y Víctor Gámez (voz líder). Esta formación sería la que definiría el estilo y éxito de la agrupación.

Con un repertorio basado en canciones de bandas como The Beatles, The Mamas & The Papas, Bobby Goldsboro, así como algunas composiciones propias; Los Darts debutan discográficamente con el álbum Los Darts (1966), obteniendo gran éxito comercial con las canciones Tu la Vas a Perder, Donde ... Donde, Por tu Amor. Manteniendo el mismo estilo y formación editan Volumen II (1967), Una Vez Más (1967) y De Etiqueta (1968). Tras la edición de un 45 rpm con los temas Al bailar contigo/Por alguien como tú (1968) se producen cambios en el grupo y en el álbum Una Linda Historia (1968) cuentan con la participación de Manolo Álvarez (batería) y Simón Urbina (bajo, coros), además de no contar con la presencia de Carlos Moreán y Claudio Gámez y se observa un giro estilístico dando paso a versiones de piezas de la onda psicodélica inglesa, tales como canciones de Jimi Hendrix (Up From the Skies, Wait Until Tommorrow, Ain´t no Telling), Cream (Strange Brew); pero sin dejar de lado su principal fuente de repertorio: The Beatles (Lady Madonna).

En 1968, Carlos Moreán inicia su carrera solista, Richard Aumaitre pasa a la agrupación Los Snobs, Víctor Gámez sigue los pasos de Carlos Moreán y así se llega al final de la etapa de oro de Los Darts. Con varias recopilaciones a través de los años, entre las cuales se puede mencionar el LP Grandes Éxitos de Los Darts (1973), posteriormente re-editado en CD en 1992, reagrupaciones en 1970 y 1974, pero sin lograr reunir la formación exitosa y el estilo que tanto éxito les proporcionó, Los Darts son uno de los puntos de referencia mas importantes dentro de los inicios del rock en Venezuela y aunque las nuevas generaciones conozcan muy poco de ellos, se puede decir que han sido raíz importante para el crecimiento de ese gran árbol de rock en Venezuela que lleva mas de 40 años de vida.

Además de los miembros de la formación más exitosa de los Darts, otros músicos que formaron parte de la agrupación en alguna etapa de su historia fueron Henrique Lazo, Manolo Álvarez, Simón Urbina, Ángel Toro, José Ramón Salazar y Ernesto Guzmán. El tema Por alguien como tú, compuesto por Claudio Gámez y Carlos Moreán, fue un gran éxito en la década de los 80 en la versión interpretada por Ilan Chester.


http://www.youtube.com/watch?v=Aa5lSCZukeU
En la imagen Augusto de Lima (2010)

domingo, 3 de octubre de 2010

¿MOTIN POLICIAL O GOLPE FRUSTRADO EN ECUADOR EL 30 DE SEPTIEMBRE?



VERSIONES CONTRADICTORIAS DE LOS SUCESOS ECUATORIANOS EL PASADO JUEVES 30 DE SEPTIEMBRE...

*En mi opinión personal (Yo Paula Giraud), me quedo con la versión del motín policial por razones de pérdidas de privilegios e ingresos que tambièn toca las prebendas de los militares...Y tocar estos "puntos àlgidos" en sectores sensibles del poder, es una "jugada" muy peligrosa en muchos países de América Latina, Asia o Àfrica. Creo que Correa, tensó innecesariamente una "tecla" que nunca debió haber tocado, y mucho menos perder la calma dentro de un inmenso grupo policial que estaba enfurecido. ¡Puso en riesgo sin necesidad, su vida!

No es lo que hizo el Presidente Correa el pasado jueves 30 de septiembre. Amigos cercanos y no "tan cercanos" han afirmado que su intervención con los súper descontentos policias ecuatorianos, caldeó los ánimos. En las altas esferas políticas de ese hermoso país, se afirma que su aliento pedagógico duró bien poco y, al sentir que estaba arando en el mar, lejos de mostrarse conciliador para dar espacio a la política y ponerse a buen recaudo, retó a los policías, desconoció su malestar y, finalmente, los desafió a que lo mataran. El Presidente tensó innecesaria y peligrosamente la cuerda sin ni siquiera haber asegurado, como es su deber, un mecanismo para abandonar ese escenario que le era hostil.

Los militares, que esta vez accedieron a asaltar un espacio policial a bala, para sacar de allí al Presidente Rafael Correa, le dijeron, y le repitieron, que tiene que dar un paso atrás en su ley. Un consejo no pedido, como tantos otros que han recibido el Presidente y su gobierno de muchos sectores, y que han desconocido. Esta vez, sin embargo, hay muertos y heridos de por medio. Y esta vez el Presidente y su gobierno no pueden negar su responsabilidad -no la única pero la más lamentable- en el día más triste desde que llegaron al poder.

Dice sectores críticos del Gobierno de Rafael Correa, que confunde valentía con irresponsabilidad. Afirman tambièn: "No es la primera vez que, creyendo que la historia emerge de destellos épicos, él se declara presto a meterse en la boca del lobo. Aún se recuerda su declaración según la cual Honduras es un buen país para morir. Correa se declaró voluntario a aterrizar en ese país que, en ese instante, vivía una crisis institucional de proporciones impredecibles."

Ir al regimiento Quito, con miles de policías sublevados era, en ese sentido, un gesto que rayaba con la provocación. Volver, como lo hizo el Presidente, fue un acto totalmente irresponsable. En términos de seguridad, significaba, si salía airoso, exponerse innecesariamente. Pero si fallaba, como efectivamente ocurrió, desencadenar un mecanismo incontrolable en el cual hubiera podido perder la vida. Políticamente eso no es valentía: es inconsciencia. El Presidente dio otra vez una prueba aciaga de que no entiende los deberes y servidumbres de su cargo.

¿MOTÍN O GOLPE FRUSTRADO?

Por Gonzalo Ortiz

Quito, 2 Oct. (IPS).- Analistas discuten si lo ocurrido el jueves en Ecuador fue un intento de golpe de Estado o sólo un amotinamiento de policías, apoyados por efectivos de la fuerza aérea, en protesta por la aprobación de una ley que supone recortes de beneficios enraizados en la tradición de los uniformados.

La afirmación de intentona golpista fue repetida por el gobierno de Rafael Correa, por las televisoras y radios que transmitieron en cadena obligatoria como parte de la declaración del Estado de Excepción en el país, por las agencias internacionales de noticias y como tal fue condenada por los mandatarios de América Latina y de otras partes.

Correa acusó directamente al ex presidente Lucio Gutiérrez (2003-2005) de haber infiltrado gente suya en la policía para engañarla sobre los alcances de la norma cuestionada y provocar así la sublevación. Lo hizo ante manifestantes en la Plaza de la Independencia, en el centro histórico de Quito, apenas fue sacado del hospital policial, donde estuvo cercado por efectivos amotinados casi todo el día.

Gutiérrez, cuyos partidarios también fueron señalados de invadir medios de comunicación, ha negado esa implicancia, calificando de cobarde a la acusación de Correa.

"El gobierno le ha hecho un gran favor a Gutiérrez, al darle tanta importancia", dijo a IPS la ex diputada socialdemócrata Magdalena Chauvet.

"No habrá perdón ni olvido" para los policías que participaron en este atentado contra la democracia y para los responsables políticos, reiteró Correa, pero no mencionó ningún otro nombre propio aparte de Gutiérrez.

La mirada de observadores del exterior sigue en general la línea de la posible existencia de un plan para crear o azuzar este estallido de uniformados y luego culminar con el derrocamiento del gobierno democrático.

Resolver la pregunta parece crucial para ver el rumbo futuro de Ecuador. La preocupación no es menor en un país crónicamente inestable, que debido a constantes embates contra las instituciones tuvo ocho presidentes en una década hasta 2006, cuando Correa llegó al gobierno por primera vez. Luego fue reelegido en 2009, en comicios convocados por la entrada en vigor de una nueva Constitución.

El gobernante centroizquierdista reforzó la tesis del golpe de Estado al narrar que ninguno de los policías con los que conversó mientras estaba cercado en el hospital había leído la ley que pedían fuera derogada. "Se habían dejado llevar por la guerra psicológica que hacen los gutierristas, los vende patrias y los conspiradores", expresó.

Sueldos y privilegios

"A Correa le molestó sobremanera que la tropa gritara (durante su discurso en el cuartel donde fue atacado, contiguo al hospital) que quien les subió los sueldos fue Gutiérrez. Él tiene razón al decir que ha duplicado los salarios, pues los policías rasos ganaban 355 dólares en 2006 y hoy ganan 750", dijo, por su parte, a IPS la periodista Juana Ordóñez, subdirectora de la revista económica Gestión.

"Lo que pasa es que la avalancha de personas para ser policías", que hizo incrementar en más de 10.000 la tropa de 40.000 que había hasta entonces "no pudo ser financiada por el gobierno, que, con un criterio tecnocrático buscó recortar otras prebendas de los policías y militares", añadió.

"Hoy hay en Ecuador casi 52.000 efectivos en la policía, 39.000 de los cuales son rasos, y 72.644 militares, 37.000 de ellos también rasos, y cerca de 20.000 conscriptos y aspirantes", precisó Ordóñez.

Entre los bonos suprimidos por la llamada Ley de Servicio Público están los de un sueldo y medio que recibían por una sola vez los suboficiales cada vez que ascendían de rango y que van de 3.000, 5.000 y hasta 8.000 dólares para los oficiales superiores. También se quitan los incentivos pecuniarios que recibían cuando eran condecorados por su desempeño.

Además, la ley alarga de cinco a siete años el tiempo requerido para el ascenso de un grado a otro. "Aunque es verdad que la carrera también se alarga, la gente ve a corto plazo y se desespera", dijo a IPS José Caiza, guardia de un conjunto residencial y policía retirado.

"Esto está en el trasfondo de la insurrección militar, más que un complot organizado", dijo a IPS Felipe Burbano, profesor de ciencias políticas de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso).

"Hay un malestar en la tropa de la fuerza pública que el gobierno no evaluó bien", agregó.

"El sistema de incentivos forma parte de la institucionalidad militar, que funciona desde hace décadas", dijo Burbano.

El académico citó al contralmirante en servicio pasivo Raúl Jaramillo, quien dijo este viernes en televisión que no veía razón para cambiar el sistema. "Como dice el viejo adagio, si no está dañado, no intentes arreglarlo", dijo el militar.

Pero Burbano indicó que esta insurrección puntual "empató con una lógica desestabilizadora".

"Como parte de la cultura política de Ecuador, la oposición siempre tiene estos deslices desestabilizadores. Hacer oposición es tumbar gobiernos. Me parece que eso sucedió ayer: que la protesta en los cuarteles derivó en esa dinámica desestabilizadora, y la cosa se complicó", explicó.

Nick Mills, un académico estadounidense que ha escrito libros sobre la cultura política ecuatoriana, dijo a IPS que "son las trabas que se dan en las instituciones democráticas del país las que provocan los conflictos". "La propia debilidad institucional democrática resulta en un desbordamiento hacia las medidas de fuerza y no hacia la persuasión", sostuvo.

Obligado a quedarse en el país por el cierre del aeropuerto, a Mills le tocó presenciar en vivo y en directo otro episodio de la convulsa política ecuatoriana.

"Fue interesante y penoso ver que un conflicto puntual creció por la intemperancia del presidente y luego se contagió a muchos recintos policiales y aún militares y que produjo el bochorno de que se secuestrara al mandatario durante todo el día", dijo Mills.

Votos y vetos

"La verdadera culpable de todo esto es la Asamblea Nacional (parlamento unicameral) y sus repetidas maniobras de aprobar leyes sin debate, para darle gusto a Correa", dijo a IPS el columnista Simón Espinosa. "Gobernar por imposición tarde o temprano genera resistencias", sostuvo.

Espinosa hace referencia en su comentario a que, muchas veces, tras meses de negociaciones en la Asamblea, los cambios que se hacen en los proyectos de ley son luego desechados por Correa, que vuelve a enviarlos con artículos vetados para volverlos a su texto original.

Al carecer de mayoría, el bloque legislativo de la gobernante Alianza País deja en esos casos sin quórum a las sesiones de debate de los vetos, para que así se cumplan los plazos para ello y entren en vigencia de hecho por lo que se llama "el ministerio de la ley".

En cambio, en el caso de esta Ley de Servicio Público, que involucra a todos los empleados estatales no sólo a los policías, el proyecto respectivo enviado en agosto por el Poder Ejecutivo fue discutido en dos debates.

La Federación de Servidores Públicos, la Asociación de Funcionarios del Servicio Exterior, la Unión Nacional de Educadores, y otros tantos sindicatos se manifestaron en contra y acudieron a la Asamblea a hacerse escuchar.

Como resultado, el parlamento modificó el proyecto y fue enviado a Correa, quien emitió cuatro vetos. Así volvió a la Asamblea, que la aprobó la noche del miércoles con la aceptación de tres de esos cuatro vetos presidenciales.

El que no se aprobó era una medida para forzar la "compra de renuncias" de la burocracia, uno de los puntos que había generado más críticas de los servidores públicos.

Pero subsistieron los artículos de homologaciones salariales y supresión de bonos e incentivos, de topes a la carrera en el servicio público, la jubilación obligatoria, el pago en bonos y no en efectivo de dichas jubilaciones, además de otras medidas rechazadas por civiles y uniformados.

Fuentes:

http://www.expreso.ec/ediciones/2010/10/03/nacional/actualidad/versiones-contradictorias/

http://www.enfoques365.net/N15735-ecuador--motin-o-golpe-frustrado.html

http://cifrasonline.com.ve/informecifras/?p=64272

domingo, 26 de septiembre de 2010

INTERESANTE DINÀMICA QUE SE VISLUMBRA EN LA NUEVA ASAMBLEA NACIONAL 2010-2015...A LAS 8:05 pm DEL 26-S.



Con los 59 que da Semtei y los 5 del PPT (votos de balanza y que no dicen SI.SI al Gobierno ( son 64 diputados), antes de las 7:30 pm de este domingo 26 de septiembre. Con la proyección de 101 diputados para el oficialismo, el mismo NO tendría una mayoría calificada, que es igual a 3/4 partes de diputados para tomar decisiones al unísono y para decidir leyes o cambiarlas. En este momento no sè cuàl serà por ejemplo el porcentante del oficialismo en el Disitrito Capital (pero en este sector supongo como siempre lo he palpado de cerca, que el oficialismo es fuerte) y es mismo espejo de lo que sucedió en las elecciones de Gobernadores y Alcaldes del 2008.

En los Estados pequeños de Venezuela, como dijimos en otras oportunidades como Portuguesa , Cojedes, Trujilllo, etc. ganaba corrido el oficialismo. ¡INTERESANTE LA DINÀMICA QUE SE DARÀ EN LA ASAMBLEA NACIONAL 2010-2015, EN CASO DE AFINARSE ESTAS CIFRAS que asoma el amigo Eduardo Semtei y que otros como en mi caso y Carlos Nieto Palma, habíamos dado algunos pronósticos en Facebook entre el 24 y 25 de septiembre (mínimo 57 diputados de la oposición) . Mayor número de diputados no implica, mayor número de votos de venezolanos adversos al actual Gobierno. El 2012 se dislumbra interesante políticamente.

Lo màs importante de la nueva Asamblea que se darà una contraloría social-política que el mismo chavismo deseaba que sucediera Podemos estar seguros que muchos estaràn mucho màs pendientes de gerenciar los dineros de una manera màs transparente y haciendo menos "cambios de partidas presupuestarias" a donde màs les complazca en las Gobernaciones, Alcaldias,Ministerios, etc... Esta queja la escucha con frecuencia de muchos de mis amigos que son del oficialismo, que decían que lo mismo pasaba con algunos alcades o Gobernadores de la oposición, y entonces lo que se daba era un "juegos complicidades perversas" que ningún ciudadano venezolanos honesto desea que siga sucediendo en Venzuelea.

El proceso electoral de hoy lo recorrí en bus y metro, desde la Parroquia El Valle del Municipio Libertador (y viciversa) hasta el Municipio Sucre del Estado Miranda, vi todo funcionando muy bien (siempre hay excepciones como siempre en todas partes del mundo).

Los militares muy amables con los votantes igual que lo representantes del CNE en las varias escuelas que recorrí personalmente como ciudadana de a pie y no como periodista. En lo personal, mi familia en general y mis amigos tuvieron una buena experiencia hoy desde el punto de vista ciudadano. ¡Gracias a Dios!. Todo salió muy bien. Esperemos tranquilos todos los venezolanos los resultados oficiales del CNE....Las cifras que se vayan a dar estaban en los pronósticos de los venezolanos "no fanàticos" políticamente.

sábado, 11 de septiembre de 2010

LA INTOLERANCIA NO ES PROPIEDAD EXCLUSIVA DE LOS ROJOS-ROJITOS...


William Lara, periodista y Gobernador de Guárico falleció tràgicamente cerca de San Juan de Los Morros, el viernes 11 de septiembre 2010 y el Diputado tachirense Luis Tascón, luego de una penosa enfermedad que padeció por varios meses, murió el 12 de agosto en la Clínica Attías de Caracas, y en ambos casos, algunos sectores radicales de la oposición apenas supieron de la muerte de estos dos destacados dirigentes oficialistas, empezaron los insultos y las burlas por las redes sociales. ¡Esto me parece sencillamente HORRIBLE Y DETESTABLE!.

El fanatismo político y los odios sin límites, no pueden seguir envenenando las mentes y las almas de los venezolanos sean de la oposición o del oficialismo. Ni nadie puede alegrarse de la muerte de nadie, ni insultar a los que ya no pueden defenderse en vida. Dios todo lo ve, y nadie es Dios para juzgar a nadie.

Cuando alguien se muere prefiero en mi caso particular, no usar jamàs ningún calificativo negativo y mucho menos utilizar insultos . Ser chavista no siempre es sinónimo de deshonestidad y de MALUCO. William Lara era periodista egresado de la Escuela de Comunicación Social de la UCV, era mi colega y ante las adversidades de alguien, sea chavista o nó, hay que tener sensibilidad. Nadie puede alegrarse de la muerte de nadie. ¡Los venezolamos nunca fuimos así!.

Me sumo a quienes demandan respeto por quienes calcinaron sus huesos defendiendo sus principios y valores, así estuviesen equivocados o no. Definitivamente la intolerancia, no es propiedad exclusiva de los rojos rojitos. Lo dijo Jesus de Nazareth: "Dejad que los muertos entierren a sus muertos".

Este sàbado 11 de septiembre he leído Insultos y descalificaciones horrendas contra William Lara de sectores radicales de la oposición, lo mismo pasó cuando falleció el Diputado Luis Tascón. A pesar de que esa Lista discriminatoria a mi tambièn "me marcó", y me ha afectado mi vida profesional, la misma se pudo haber llamado Lista de Pepe, Lista de Cilia, Lista Ismael, etc. Y la orden o las instrucciones vinieron de "arribota" en un momento político muy particular del país. Y quienes la utilizaron y la siguen utilizando en muchos organismos del Estado, se les ha devuelto con hermanos, esposas, sobrinos, hermanas que estàn en esa Lista a quienes no le pueden conseguir trabajo por ejemplo en el SENIAT o en PDVSA.

En el fondo de mi corazón nunca guardé odios contra Luis Tascón, y siempre lo considerè como periodista un hombre fiel a sus creencias políticas, (equivocadas o nó) y por sobre todo lo considerè un hombre honesto y sencillo. Cuando murió, lo lamentè en verdad y me dio mucha tristeza porque apenas tenía 42 años y le quedaba mucha vida por delante como político y como Ingeniero.

Hago esta referencia del fallecido diputado Luis Tascón, porque igualmente me ha molestado muchísimo leer en las redes sociales de Internet, epítetos e insultos de algunos sectores muy radicales de la oposición en contra de William Lara, apenas se supo de su trágica muerte. Lara, de 53 años de edad, se encontraba desaparecido desde la tarde de este viernes 10 de septiembre, luego que la camioneta en la que se desplazaba, una 4Runner color arena, sufriera un accidente en la carretera entre Ortiz y El Toco, cerca de San Juan de Los Morros. Versiones extraoficiales indicaron que la unidad volcó y se precipitó al río Piedras Azules.

William Lara, vivió siempre en el mismo lugar (antes de ser Gobernador de Guárico) y sus hábitos de vida fueron los mismos despuès al entrar en la palestra política de Chávez. Era muy serio en el trato, que màs bien podía pasar por antipàtico. No era mi amigo, pero era un colega periodista, que murió de manera tràgica. No soy Dios para juzgar a nadie. Que cada quien le rinda cuentas de sus actos a Dios. ¡Paz al alma de William Lara!. Mis sinceras condolencias a su familia y amigos.

"La muerte se lleva todo lo que no fue, pero nosotros nos quedamos con lo que tuvimos." Mario Rojzman
.

Le repito a los radicales de la oposición y tambièn del chavismo, estas dos oportunas frases de Voltaire:

"Cuando el fanatismo ha gangrenado el cerebro la enfermedad es casi incurable."

"No estoy de acuerdo con lo que dices pero defendería hasta la muerte tu derecho a decirlo."

lunes, 23 de agosto de 2010

EL PERIODISTA QUE DECIDIÓ VIVIR SIN CELULAR...



Por Luis Alberto Miño/ Foto de Edwin Cruz
*Ventajas y beneficios de una vida sin este medio tecnológico.

(Curiosa y graciosa Información que me enviara mi querido amigo el veterano periodista venezolano Asdrúbal Barrios, que a veces tambièn se anota en esta "onda" de su colega colombiano Luis Alberto Miño)


Aunque para muchos existir sin este aparato parece inconcebible, algunos se resisten a que entre en sus vidas. Un periodista cuenta por qué decidió no tener celular y, sobre todo, por qué lo disfruta.

El celular está en todas partes. En Colombia existen 42,2 millones de líneas de celulares activas. Casi toda la población tiene uno, desde los niños de kínder hasta los más peligrosos presos. Pero yo me resisto. Hago parte de un pequeño grupo (más allá de las monjas de clausura, los bebés que todavía no hablan, algunos indígenas nukak makú y los pacientes en coma) que no tiene celular por convicción.

Podrán pensar que voy llegando a los 90, pero tengo 38 años y nunca he comprado un teléfono móvil. Ni uno 'flecha'. ¿Cómo vives sin celular?, me preguntan a diario. Me río. ¿Y si te pinchas? ¿Y si tienes una emergencia? Mis amigos, al comienzo pensaban que ganaba poco y me decían: "Pero puedes comprar uno prepago". Pero cuando los planes bajaron y los empezaron a regalar, la duda se disolvió. Entonces, llegaron a pensar que era por ignorancia, que no podía ni manejar una licuadora. "El celular es fácil", me decían. Ni lo uno ni lo otro. Tengo portátil, uso Internet, chat y también juego Playstation 3.

No pretendo ser un bicho raro ni ir en contravía, ni estoy huyendo de nadie. La razón es simple, trato de llevar una vida tranquila y me rehúso a convertirme en un call center 24 horas y ambulante, y a gastar (más de 100 mil pesos mensuales) para que cualquier lagarto o desconocido, me pueda encontrar en la playa más perdida o en pleno partido de fútbol.

El problema de tener celular es que si entras a ese club tienes que contestarlo hasta la muerte. Si lo apagas o decides no contestar estás en un lío. Eres sospechoso. En cinco minutos puedes tener 30 llamadas perdidas. "Por qué lo apagaste", te dicen y el asunto puede terminar en llorada y divorcio. "Te he llamado tres veces", te recrimina el jefe y te la puede montar ese día. No sé si recuerden, pero antes, cuando reinaba el teléfono fijo (el del cable que se enrosca), te llamaban a la casa y después de cinco timbrazos la gente concluía: 'No hay nadie'. Cero lío y llamaban después.

He logrado vivir sin celular todos estos años. Me levanto a tiempo con despertador. Manejo sin llamar a nadie. Tomo sopa sin chatear al mismo tiempo. Me caben en mi cerebro cinco números de celulares y los demás los apunto en papelitos y hago las llamadas del teléfono fijo.

La gente parece que olvidó que todavía existe el teléfono fijo, el hijo de Graham Bell. Y me dicen: "Y cómo hago para ubicarte si no tienes teléfono". "Claro, el fijo", les contesto. El olvido es real. Hace poco me llamó una amiga a la oficina y me dijo: "¿Y dónde estás?". "Pues en la oficina", me reí.

Uno de los problemas de no tener celular es que nadie te cree. Piensan que les estás negando el número y se ofenden. Entonces, viene la pregunta maliciosa: ¿Y cómo todo un periodista no lo usa? Tantos años enfrentando este interrogante humano me han permitido diseñar varias respuestas. "Se hizo periodismo 100 años en Colombia sin celular, eso sigo haciendo", es mi favorita.

Otras personas, más comprensivas, me ven como un héroe y dicen en tono de confesión de adicto: "Yo no podría dejarlo, yo me devuelvo a la casa si lo dejo, me muero si lo pierdo". Y tienen razón. Sé de mujeres que han metido la mano en un inodoro intentando rescatar su teléfono. Las admiro.

La ventaja de no tener celular es que todo el mundo sí tiene. Si necesito hacer una llamada están los familiares y amigos. Tienda, panadería, chuzo y vendedor de cigarrillos que se respeten venden minutos.

No voy a culpar al celular de acabar matrimonios (porque te descubrieron una llamada, una foto, un video). Ni de aumentar la violencia (porque ya están matando por un celular barato). Nosotros ya estábamos torcidos desde antes. Desde los tiempos de las cartas se montan cachos y se mata desde la época de las caucheras. Pero creo que por no tenerlo me he escapado de muchas.

No soy blanco de las chuzadas del DAS, pues está out interceptar teléfonos fijos. Me he salvado de pelear con un vigilante de un banco por contestar. Tampoco tengo que ponerles en el teléfono a mis amigas nombres de hombre. Para muchos, Claudia es Ricardo Pérez...

Además, me he salvado de los amigos que solo llaman faltando 20 minutos para las 12 de la noche un domingo preguntando cómo va tu vida, esperando gastar los últimos minutos de su plan. De las multas de tránsito por manejar hablando (ponen 124 al día en Bogotá). De buscar en Chapinero una inspección de Policía para poner un denuncio por robo.
No tener celular es como estar sobrio en un carnaval de Barranquilla. Se ve todo diferente. Es divertido.

En el supermercado la señora llama al trabajo al marido para preguntar: "¿Compro plátano verde o maduro?". Ya las personas no se quieren bajar del carro para preguntar por la novia en la portería, solo mandan un mensaje: "Estoy abajo". Y ella, en vez de bajar rápido, le escribe: "Ya bajo".

Es divertido ver que cuando aterriza el avión lo primero que hacen todos los pasajeros es prender su móvil y, casi en coro, dicen: "Ya aterrizamos". Mujeres, imagínense el lío de un hombre cuando le suena el celular y está orinando. Imagínense el pantano que forman, ustedes saben que no somos tan diestros para hacer dos cosas al tiempo. Y qué más divertido que las peleas de parejas en las busetas, son unas novelas, lo malo es que si el protagonista se baja rápido uno nunca sabe en qué terminan.

Y aunque soy tolerante con los seguidores de este invento, maldigo en los conciertos porque ya no se puede ver al cantante, pues todos levantan sus celulares para grabarlo. Y odio que en el cine, pese a que aparecen mil letreros pidiendo que los apaguen, no falta el que lo deja prendido, para que cuando le timbre pueda contestar: "Estoy en cine". Y qué decir sobre los amigos que en los restaurantes no hablan entre sí sino que cada uno mira su celular. La cosa va mal.

Pocas veces me he arrepentido de no tener celular. Tal vez alguna rumba o una cita, pero he logrado sobrevivir en este palenque, libre de celulares. Creo que el gran problema de hoy es que, con tanto plan barato, la gente tiene más minutos que cosas para contar.

Por ahora, lo único que me preocupa, no es vararme ni sufrir un infarto sin celular, sino que si me encuentro con un ladrón, espero que sea comprensivo y entienda cuando le diga: "No tengo celular".

PD. Cualquier reclamo, no duden en llamarme al celular.